S |
on sólo diez kilómetros, no más; y he decidido que podré hacerlos. Sé que mi pierna no está nada bien y que hace días que no entreno. Pero también sé del placer de competir contra mí mismo, sobre todo si a veces me gano. Esta vez no me interesa el tiempo, esta vez sólo me interesa superar el dolor y correr, correr… Se trata de un acto absolutamente irracional, lo sé, también sé de eso…
La carrera se larga y yo salgo, como siempre, casi atrás… A veces creo que los primeros metros son decisivos… son como la bola de cristal para predecir el final. Y, si hoy, los primeros metros me cuestan, el final es dudoso…
Activo el reproductor de MP3 y decido tomar las cosas con calma. Esta primera parte del trayecto es en subida. Y cuesta, es claro. Yo sé que hoy cuesta más, pero no quiero pensar en eso, porque esa idea en mi cabeza pondría el punto final a la carrera. Entonces, intento ir cantando mentalmente las canciones que voy escuchando… Los auriculares se me despegan; los pongo nuevamente y nuevamente vuelven a salirse. Y la mente va alternando la música con el abrupto sonido de los pies de los otros atletas y otra vez la música que me aísla… “Você precisa saber da piscina, da Carolina, da gasolina / você precisa saber de mim…”, empieza a cantar Daniela Mercury. Y me entusiasmo: esa canción me gusta mucho. Esa canción ocupa mi cabeza entera: “Baby, Baby, eu sei que é assim”…
Yo también sé que es así, lo sé… Necesito que sepás tantas cosas sobre mí… Tu recuerdo se mete de lleno en la carrera. ¡Es tan difícil para mí acercarme a vos! ¡Si supieras que eso me cuesta más que correr esta mañana..! “Você precisa tomar um sorvete na lanchonete / andar com a gente / me ver de perto. / Ouvir aquela canção do Roberto…”
Las calles del circuito no están en buen estado. Las calles no están en buen estado nunca. Pero hoy mi pierna necesitaría calles nuevas, de esas que prometen los políticos, como ese que se postula para gobernador y en un acto de popularidad viene corriendo detrás (¡que no me alcance, que no me alcance!). “Baby, Baby, há quanto tempo”.
Eso me pregunto: ¿cuánto tiempo hace? No miro el reloj, sigo… Sólo miro mis pies, mis zapatillas… Trato de buscar en algún rincón de la memoria si tengo algún dato de tus zapatillas… y, no. Si supieras lo que me cuesta superar mi timidez…
Algo me pica en el cuello. Son los cables del reproductor de MP3, seguramente, y la transpiración. Me acomodo la camisa, pero pica. Estiro la mano y toco el cartón: ¡me olvidé de sacarle la etiqueta a la camisa! ¡Cómo puede estar pasándome esto! “Você precisa aprender inglês / Precisa aprender o que eu sei / E o que eu não sei mais…” Arranco la etiqueta y ajusto la velocidad. Noto que algunos corredores se cansan más que yo, porque se detienen y empiezan a caminar… Y la idea de detenerme me ataca. “Não sei. Comigo vai tudo azul / Contigo vai tudo em paz…” Sí, sí… trato de serenarme. Sé que el dolor ha avanzado hasta apoderarse totalmente de mi pierna y que si me detengo, me detendré para siempre… Necesito agua… “Você precisa, você precisa... / Não sei… Leia na minha camisa…”
Mi camisa de corredor sólo lleva mi número de corredor, el nombre de la carrera y el de su auspiciante. Eso es todo. Mi camisa no dice nada. Y yo debería decirte tantas cosas… Tantas… Eso de estar mirándote como a través de un cristal no es negocio, no. Necesito parar. Ya está: lo necesito. Necesito parar de pensar en vos. Necesito parar y tomar agua. Si después quiero abandonar, lo haré. Acabo de tomar esa decisión: me vuelvo deliberadamente racional. Al final de cuentas soy humano. Pero antes de frenar voy a insistir un poco más, sólo un poco más. “Baby, Baby, I love you / Baby, Baby I love you...” Mis pies se ajustan a los tambores. ¡Qué bien suena esa canción! ¡Qué bonita versión grabó la Mercury! Yo no sé si te amo… no lo sé. Ni sé si alguna vez te amaré. ¡Quién podría predecir el futuro? Sí, claro, lo sé… Los primeros metros suelen predecirlo. Por eso no me sorprende llegar al fin del recorrido en un estado casi de inconsciencia, y mirar el reloj de la llegada y percibir que sólo he estado un poco atrasado, nomás.
Recibo el abrazo de unos compañeros que han llegado antes y me estremezco y, cuando puedo recuperar algo de aire, balbuceo: “¿Le gané al político?”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario